martes, 25 de noviembre de 2008

Muerte

Nada hay más irracional que la muerte, esa malparida que a todo el mundo iguala. Muchos insisten en que debe aceptarse como parte misma de la vida, como el proceso natural de nuestra propia existencia, la cual es una frase muy hermosa cuya utilidad no va más allá de unos segundos perdidos, de una nube que pasa o de un pez que salta de repente en la tranquilidad quieta de un estanque. Se habla también con frecuencia de la dignidad de la muerte, como si ambos conceptos no chocaran de lleno. Muerte digna. No hay nada más indigno que la muerte, se produzca ésta como se produzca, venga como venga. Cada muerte implica, en una gran parte, la desaparición del mundo que conocemos. Quiere decirse que con la persona que se va deja de existir también su concepción y su particular visión de lo que le rodeaba. Que para él no era ni más ni menos que el universo mismo en toda su inabarcable plenitud, porque la realidad no podemos más que concebirla y recibirla de un modo subjetivo y personal. Acaso la única forma de permanencia, la única dignidad posible de la muerte venga de la mano de la memoria y el recuerdo. Al joven jugador de la Olímpica Valverdeña que fulminó un extraño rayo de su oscuro destino lo van a estar recordando mucho tiempo, y es cierto que uno no acaba de morirse del todo mientras no muere, a su vez, la última persona capaz de recordarte. Ese vivir en los demás es, al margen de la religiosidad de cada cual, la única esperanza posible de este sinsentido que llega de repente como un mazazo, ante el que se siente una congoja inexplicable que deja a todo el mundo sin palabras. A todos, menos a los poetas, como casi siempre. Ya nos recordó César Vallejo cómo era capaz la vida, de repente, de darnos en toda nuestra muerte. O la propia dureza de la existencia: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé”. La muerte vino de nuevo a mandar “sus heraldos negros” para avisarnos de nuestra frágil fugacidad. Si nada hay más triste que un domingo, Valverde va a vivir en los próximos meses un domingo interminable. Un pueblo no puede más que recibir con espanto un hecho así. Muchos buscarán explicaciones o tranquilidad en la religión. Los consuelos ayudan a superar los trances y la espiritualidad juega, en ese sentido, un papel tranquilizador en la sociedad. La creencia en Dios, Buda o Alá es, sobre todo, una explicación del mundo y de nosotros mismos. Yo no he sido llamado por el camino de la fe, lo cual no me convierte en un alma en pena que vaga por el mundo sin saber dónde posarse. No. Vivir es cojonudo, pero hay golpes inexplicables, como el de Javier Herrezuelo, que te recuerdan que vivir es, también y además, una mierda muy grande.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 25 de noviembre de 2008.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Clandestinos

Impresionante documental el que emitió ayer TVE. Un periodista francés, Dominique Mollard, consiguió tras muchos intentos (dos años le costó) embarcarse en un cayuco con cerca de 40 subsaharianos para un viaje absolutamente suicida hasta la isla canaria de El Hierro. Es lo más angustioso que he visto nunca. Y es, claro está, el mejor acercamiento al fenómeno de la inmigración que se ha hecho hasta ahora. No entiendo que haya personas que traten este problema con frivolidad. Los inmigrantes retratados en Destinos clandestinos no consiguieron su objetivo, pero es lo de menos. Pueden contarlo, que no es poco. Los tres días y las tres noches que pasan en alta mar son realmente terribles, de un miedo horroroso. Fracasaron en su intento, entre otros motivos, por la maldad que puede alcanzar el ser humano: en tierra, antes de salir, algunos indeseables les vendieron gasolina mezclada con agua, lo que acabó por gripar los motores. El periodista, del que todo el mundo recelaba, acabó por ser la salvación del grupo gracias al teléfono vía satélite que llevaba. Un bestial petrolero ruso acudió a su rescate. Supongo que lo volverán a intentar.

martes, 11 de noviembre de 2008

No molesten

El personal no va y, cuando lo hace, es como si no fuera. El absentismo en las cámaras de representación popular (Congreso, Senado, Parlamento andaluz) es un tema ya recurrente, que sale a la palestra cada cierto tiempo como un bucle melancólico y aburrido, como una carencia ya asumida de nuestra –como todas– imperfecta democracia. Personalmente, me da grima ver las cámaras vacías, con un señor dormido al fondo y otro en el lado opuesto leyendo distraído el periódico mientras un diputado cualquiera dice muy serio sus cosas en la tribuna. Los que han convertido la cosa pública en su profesión se defienden de muy diversas maneras. La más extendida es la que asegura que su trabajo no está en los escaños, sino en los despachos, que es donde se preparan las iniciativas que luego se debaten en los plenos. He ahí la madre del cordero, las iniciativas. Al menos en la provincia de Huelva algunos de nuestros representantes han batido el récord de ineficacia. Los datos están en las páginas webs de estos órganos, disponibles para el que quiera verlos. Hay congresistas y senadores onubenses que todavía no han presentado ni una sola iniciativa en lo que va de legislatura (más de medio año). Es el caso de Javier Barrero, José Oria o José Bella. Omito el nombre de José Cejudo, porque ha estado casi todo este tiempo de baja por enfermedad. La diputada nacional Fátima Aburto se ha ganado el sueldo un poco más y ha presentado una iniciativa. Como ya han podido comprobar, todos son del PSOE, pero a ver qué quieren que yo le haga. En las filas del PP de Huelva, Matías Conde tiene 76 iniciativas presentadas en el Senado; Juan Carlos Lagares, 62 en el Congreso; y Fátima Báñez, 26 en la misma cámara. Queda claro que cuando eres diputado o senador del mismo partido del que gobierna, se te quitan misteriosamente las ganas de preguntar. Todo se vuelve extrañamente de color de rosa y los problemas parecen esfumarse, aunque sigan ahí como siempre jamás, esperando a que alguien los resuelva. Queda dicho, o el personal no va o, cuando lo hace, es como si no fuera. Podría preguntarme ahora por qué la política crece en descrédito entre la población, pero no lo haré, porque es más que probable que, además, me llamen demagogo. El problema de fondo es común a otras democracias: el interés supremo es el partido, sea éste cual sea, y no los ciudadanos. Es decir, un político hace algo –como en todo, hay excepciones– única y exclusivamente si interesa al partido que se haga. Ahí están nuestros diputados y senadores mudos y ociosos. No presentan iniciativas porque Huelva haya dejado de necesitar modernizarse, sino para no molestar al partido. Ya ven lo fácil que es adulterar la democracia. Basta con servir ciegamente al que te coloca y no al que te vota.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 11 de noviembre de 2008.

martes, 4 de noviembre de 2008

Fascinación

El dichoso desdoble de la N-435 ha conseguido hastiarme casi al mismo nivel que las elecciones americanas, donde va a ganar un señor que tiene obnubilado a medio mundo, incluida la izquierda, como si tal concepto cupiera siquiera remotamente en la política estadounidense. Lo he pensado mucho –a veces lo hago– y creo que la palabra concreta para definir el poder que sobre la gente –incluso sobre la gente inteligente– está ejerciendo el candidato demócrata sería fascinación. Quédense con la acepción que quieran de las dos que aporta el DRAE respecto a este término: 1.– Engaño o alucinación; 2.– Atracción irresistible. Yo opto por la primera, aunque ya les advierto que suelo equivocarme con frecuencia. Pero trataba de hablarles –miren qué original– del maldito desdoble de la N-435, con el que el PSOE lleva desde que Zapatero llegara al poder en marzo de 2004 tratando de fascinar a los onubenses. Un joven valverdeño más inquieto que cien o doscientos políticos juntos, Manolo Cayuela, lo dice muy clarito en su blog (manolocayuela.blogspot.com), que recomiendo visiten: lo invertido por el Gobierno desde 2005 no da ni para un kilómetro de la nueva autovía, teniendo en cuenta que se le proyectan 137. En cinco años (incluido el venidero 2009) la inversión ha ascendido a 2,6 millones de euros, cuando el coste total de la obra superaría los mil millones, según lo proyectado en el estudio informativo. Hagan las cuentas y verán cómo el Gobierno trata de fascinarnos. Ni para medio kilómetro de desdoble en cinco años. Si se sigue este vertiginoso ritmo inversor (medio milloncejo anual), el desdoble estaría concluido no ya en esta o aquella legislatura, sino en otro milenio. Interesante. Por lo menos ya tenemos un horizonte, al que ninguno llegaremos con vida, pero ahí está ya, esperando con ansia a nuestras generaciones venideras, a las que imagino desplazándose en aviones megaultrasónicos. Nuestro flamante desdoble –no teman– estará disponible para el que quiera usarlo, que algún nostálgico quedará. No me digan que no es fascinante. Supongo que habrán escuchado fuegos de artificio de variantes de Trigueros y otras fanfarrias. No se fascinen. Aunque se pretenda vender como tal, eso no es el desdoble. En cualquier caso, si esa variante acabara unida a la muy futura autovía, todavía queda lejos su construcción, porque le han asignado en los presupuestos estatales la sin duda exagerada cifra de 200.000 euros. Con este espectacular dispendio pecuniario tratan algunos de fascinar al personal. Pero aún les queda mucho por aprender. Podrían hacerlo de Obama, que no ha reparado en gastos.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 4 de noviembre de 2008.

martes, 28 de octubre de 2008

La interina

Elena Tobar, la interina, se estrena el jueves en su nueva tarea de portar la voz del grupo socialista en los plenos del Ayuntamiento de Huelva. Convendría que en este hecho primario y básico comenzara a diferenciarse de su antecesora, Manuela Parralo, que siempre delegaba en sus banderilleros porque le parecía como feo o sucio –o ambas cosas a la vez– enfrascarse en pugnas dialécticas con Francisco Moro y con Pedro Jiménez, quienes sueltan unos mandobles morrocotudos. De momento, la interina llega a su primer pleno con el apoyo diríase que exagerada y teatralmente cariñoso del jefe provincial del PSOE, Mario Jiménez, quien no se cansa de repetir que ahora el grupo municipal socialista está «más fuerte que nunca», en claro menosprecio al anterior. Es evidente que el señor Jiménez no puede más que calificar de esa forma a la oposición municipal, aunque en el fondo piense, como piensa la mayoría, que es un grupo de becarios despistados, con todos mis respetos por los becarios y por los despistados. De aquel equipo socialista que llegara al Ayuntamiento tras las elecciones de mayo de 2007 no queda más que el viento que cada cual –cinco ediles cinco– ha ido dejando en su huida. Una verdadera saga/fuga, como en aquella novela de Torrente Ballester. Las fugas fueron llegando por diferentes motivos, que podrían resumirse en uno solo, palmario: la pérdida de las elecciones municipales. Manuela Parralo entró en desgracia el mismo día en que Pedro Rodríguez tuvo la ocurrencia de ganarle. Desde aquel momento, sus jefes en el PSOE decidieron que había llegado su hora, y así se lo hicieron saber de muy sibilinas maneras: ahora te saco de la vicepresidencia de la Diputación, luego apoyo a tu rival en el congreso local del PSOE... Hasta que –evidente– tuvo que largarse a su casa «por motivos personales».

Llega el jueves, digo, la hora de la interina, que este fin de semana ha hecho lo que todo político que aspire a hacerle sombra a Pedro Rodríguez debe hacer: ir al Recre. Nadie nunca recuerda haber visto antes a Elena Tobar animando en el campo a nuestros aguerridos futbolistas locales, pero he ahí uno de los milagros que es capaz de obrar la política. De momento, si no le gusta el fútbol, puede ahorrarse el aburrimiento: no le conoce nadie. Ni siquiera Luis Pizarro, el segundo del PSOE andaluz, quien confesó muy serio que de Tobar sólo tenía «referencias». La interina tiene, a lo que se ve, mucho trabajo por delante. Podría empezar por hablar en los plenos. Para variar.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 28 de octubre de 2008.

martes, 21 de octubre de 2008

Causa general

En Huelva sabemos de fosas comunes. Demasiado. Ahí están los mapas que traen estos días los periódicos para comprobar que nuestra provincia está llena de cadáveres cuya muerte oficial se justificaba en los partes de defunción con el ridículo eufemismo de «herida por arma de fuego», como si al asesinado se le hubiera disparado la escopeta mientras la limpiaba o le hubieran pegado un tiro por error en una montería. La cacería fue muy otra: los conejos –ahí está la magistral La caza (1966) de Carlos Saura para quien quiera verla– no eran más que personas como usted y como yo que se vieron envueltas en odios que en demasiadas ocasiones trascendían el carácter político, aunque esos fueran los principales. Lo he dicho en más de una ocasión, pero habrá que repetirlo: no entiendo qué hay de malo en que un hijo o un nieto busque a su padre o a su abuelo cuyo cadáver yace todavía tirado en cualquier cuneta de nuestra sangrienta geografía. No entiendo, ya digo, qué tipo de herida puede abrir un hecho tan íntimo y primario como ése, que, en cualquier caso, ayudará a cerrar las de esas familias que aún miran los campos con un ahogo de angustia ante la perdida inútil e injustificada de un familiar. Punto. Otra cosa es que se use este hecho para enjuiciar –como si no lo estuviera ya– al régimen franquista, tal que ha hecho el juez Baltasar Garzón. La Fiscalía –que cuando conviene es un ente judicial independiente y cuando no convierne, el Gobierno– le ha parado los pies en seco al magistrado advirtiéndole de que las causas generales no caben en la Constitución. El régimen de Franco abrió en 1940 un proceso denominado La Causa General Instruida por el Ministerio Fiscal sobre la Dominación Roja en España, conocida como Causa General a secas, que tuvo como objeto (hasta que concluyó en los años 60) instruir los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja contra personas y bienes. Ahora lo que se investiga es la dominación azul, aunque sus principales actores hayan ya fallecido. España alcanzó la democracia de una manera consensuada haciendo –todos– un ejercicio de desmemoria que ha dado, viendo lo que disfrutamos hoy día, muy buenos resultados. Empeñarnos en poner al país de manera permanente ante el insoportable espejo de su historia es un ejercicio no sólo inútil, sino peligroso. La Justicia y el Estado tienen la obligación moral de ayudar a estas personas a encontrar a sus seres queridos víctimas de la represión durante y después de la Guerra Civil. Pero este deber no implica abrir otra Causa General, aunque un juez ande empecinado en pasar a la Historia por encima de cualquier lógica. Incluida, y sobre todo, de la judicial. Y más allá, de la que dicta el sentido común.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 21 de octubre de 2008.

martes, 14 de octubre de 2008

Demasiado humana

Vivimos días de extrañas paradojas. Cuanta más liquidez inyectan (¿quién inventará estas metáforas?) los Estados en los bancos que se asoman al abismo más se hunden las bolsas. Alguien decide bajar el precio del dinero y ese monstruo con tres cabezas llamado Euribor responde al gesto subiendo un poquito más, apretando una tuerca que acabará cualquier día por romperse del todo. Supongo que estos hechos paranormales tendrán explicaciones razonables, sesudas interpretaciones que se me escapan, pero para muchos de los que leemos estos días con grima las páginas de Economía de los periódicos no son más que parte de un mal sueño del que parece nunca despertaremos. Las grandes cifras que los contribuyentes vamos a prestar ahora a las entidades bancarias marean tanto que la peña ya está empezando a vomitar. No sé si de asco, puro desconcierto o ambas cosas a la vez de tanto ver a los prebostes económicos mundiales anunciar medidas que suenan a injusticias y que no hacen más que empeorar las cosas en un mercado que siempre irá a donde tenga que ir por mucho que el Estado intervenga. Hoy toca al pozo; mañana, Dios dirá.

La crisis tiene muchos apellidos (sistémica, de liquidez, de endeudamiento, de avaricia), pero ya está empezando a tener nombres reales como el de usted y el mío. Huelva está comenzando a ser brutalmente castigada por el paro, a pesar de que las autoridades autonómicas se empeñen en negar una realidad que no por tratar de ocultarse deja de ser dramática. Comienza a haber datos que asustan. Por ejemplo, que ha cambiado el perfil de las personas que acuden a Cáritas solicitando ayuda para el oficio diario de vivir. Sectores de la población que nunca habían tenido que recurrir a la caridad, gentes de la más normal clase media que reclaman auxilio porque la subida constante de las hipotecas no les permite comer tres veces todos los días o el paro ha provocado una hecatombe en sus hogares. Ésta empieza a ser la realidad, la parte demasiado humana de una crisis con extrañas paradojas. Que ciudadanos que jamás lo habían hecho tengan que empezar a pedir para comer porque sus deudas han sobrepasado lo tolerable es un episodio más de esta película de terror a la que todavía le queda mucho para el The end.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 14 de octubre de 2008.

martes, 7 de octubre de 2008

Después de 'naide', Juan Ramón

El bochornoso espectáculo que nuestros políticos –no las toquéis ya más, que así son las criaturas– están dando en torno a Juan Ramón Jiménez no hace sino ponernos a los onubenses ante un espejo que ofrece una imagen real y lamentable: Nunca estaremos unidos por nada y para nada. Y así nos va. Si la indiscutible calidad del poeta moguereño, si su ingente legado en la poesía española, si su reconocimiento internacional no es capaz de hacernos caminar juntos, nada tendrá nunca el poder de hacerlo. Ahí estamos viendo estos días el nombre de JRJ enmierdado hasta las trancas de la porquería que se lanzan nuestros próceres unos a otros. Vivimos en una provincia –en un país, en definitiva– en el que se politizan hasta los amaneceres, y no se iba a dejar de usar como arma partidista a uno de los poetas que mejor los ha cantado, que casualmente nació en Moguer, forjó una obra poética de primerísimo nivel y le concedieron un Nobel a pesar de los intentos en contra del régimen franquista. Quiere decirse que uno de los pocos símbolos de unión tangibles que tenemos los onubenses –más allá del Descubrimiento– nos ha servido justamente de lo contrario, esto es, de enfrentamiento abierto entre la Diputación, gobernada por el PSOE, y el Ayuntamiento de Moguer, comandado por el PP, por un quítame allá unas presidencias en actos y congresos. Es interesante comprobar el sentido de la cultura y de la responsabilidad que se gastan algunos. Lo hemos visto en el reciente congreso que sobre JRJ se ha celebrado en Nueva York, que ha parecido más bien un congreso sobre la presidenta de la Diputación, a tenor de las innumerables fotos de Petronila Guerrero que durante la celebración del cónclave nos hacían llegar a los medios de comunicación onubenses y andaluces. Por supuesto que es de aplaudir la iniciativa. Por supuesto que la cita ha congregado a especialistas de primer nivel. Nadie duda de su utilidad. ¿Pero era necesaria semejante orgía propagandística? Nuestros líderes vienen a resumir su existencia como lo hacía Guerrita cuando era dueño del escalafón taurino a finales del XIX: «Después de mí, naide; y después de naide, Fuentes». Cambien, en nuestro caso, Fuentes por JRJ mismamente y ya tendrán la solución a un comportamiento que raya con lo obsceno y que espantaría sin duda al poeta, que no podría volver hoy a su pueblo sin que unos y otros tiraran a la vez de sus brazos. Acabaría partido por la mitad. Pero acabar partiendo algo por la mitad es un comportamiento muy onubense. Muy de nuestra tierra. Tanto, que seguimos a la cola. También, y sobre todo, en la defensa de los nuestros.

Publicado en El Mundo Huelva Noticias el 7 de octubre de 2008.

martes, 30 de septiembre de 2008

Lenguas

De todas las películas de Woody Allen se saca algo interesante. De la última, Vicky Cristina Barcelona, al margen de la a ratos muy divertida historia que cuenta, me llamó la atención un hecho sorprendente, como a otros compañeros. Los letreros de una frutería en la que entran una de las protagonistas con un amigo del máster de Identidad Catalana (?) al que asiste están en castellano. Ese frutero, en la vida real y diaria de Cataluña, sería multado. Los millones de euros que el Gobierno catalán se gastó para que Allen sacara una visión de Barcelona edulcorada, cultísima, cosmopolita y súper enrollada no consiguieron tapar el principal caballo de batalla de la Generalitat: la lengua. Este domingo salieron a las calles también de Barcelona unos cuantos miles de personas para reclamar un derecho básico y simple, pero fundamental: el fin de la imposición lingüística del catalán frente al castellano. Que deje de ser la única lengua vehicular en la educación y en una grandísima parte de los estamentos públicos. En definitiva, que no se trate al castellano en Cataluña como un idioma extranjero, que es una buena forma de resumir lo que está ocurriendo. Imponer una lengua sobre otra en una sociedad claramente bilingüe como la catalana es una aberración que no provoca más que injusticias. Lo dijo Arcadi Espada, un tipo bastante inteligente, al concluir la marcha de protesta: «Los territorios no tienen lengua. Las lenguas son de los ciudadanos». He ahí la clave, ignorada obviamente por los dirigentes catalanes, que han puesto en marcha un plan de inmersión lingüística que tiene como objetivo principal el de imponer el catalán como un instrumento fundamental de su imaginaria nación independiente. Esto es, la lengua al servicio de los delirios nacionalistas. En Cataluña se habla catalán como en Francia el francés, vienen a pensar. Y punto. ¿Que una gran parte de la población usa el castellano como lengua propia y diaria? Van sobrados con un par de horas a la semana en los colegios. Como si fueran extranjeros, ya digo. Al margen del educativo, un ejemplo claro de esta penosa situación está en la Literatura: los poetas y novelistas que usan el castellano como lengua de expresión no son considerados como parte integrante de la cultura catalana. Sin más. No cabe mayor fracaso en una política lingüística de una sociedad bilingüe, que ha de estar orgullosa precisamente por este hecho enriquecedor. Me parece bastante razonable el Manifiesto por la Lengua Común que tanto ha dado que hablar. Gente tan inteligente como Fernando Savater, Félix de Azúa, Boadella, Vargas Llosa, Miguel Delibes, Ana María Matute piensan lo mismo. No sé si Allen también, pero convendría que al frutero de su película le fuera buscando otro trabajo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Papá Estado

La crisis económica está poniendo a cada uno en su lugar. Ahora, por ejemplo, hemos descubierto que en España no hay liberales, sino liberalitos. Esto es, defensores a tiempo parcial de la economía de libre mercado. Según convenga y dicten los vientos. Sobra decir que únicamente conviene cuando las cosas van rodadas. Si vienen mal dadas, como ahora, no hay empacho en pedir «un paréntesis en la economía de libre mercado», como tan ricamente hizo hace unos días el presidente de los empresarios españoles agrupados en la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán. Me asombra esta capacidad que tienen algunos de quedarse con los beneficios y repartir entre todos las pérdidas. Me sorprende cómo se renuncia a los principios cuando la crujía es mucho mayor de lo que se esperaba. ¡Tantos años abominando del intervencionismo estatal en la economía para acabar pidiendo ayuda a papá Estado! Así están las cosas. En Estados Unidos –supuestamente el país menos intervencionista del mundo– ya se ha anunciado una impresionante campaña gubernamental para salir al rescate de las grandes empresas con problemas, que son precisamente las que nos han metido en problemas. Lo dijo hace poco el comisario de Economía de la Unión Europea, Joaquín Almunia, muy acertadamente: «La causa de esta crisis puede resumirse en una palabra: avaricia». He ahí la clave. Hemos llegado a este punto precisamente porque el mercado abomina de los mecanismos de control estatales, por lo que se le ha dejado hacer y deshacer a sus anchas en los últimos años, inflando e inflando una burbuja que no ha tenido más remedio que estallar estrepitosamente. Resulta sarcástico que sea ahora precisamente el Estado –es decir, el dinero del contribuyente– el que tenga que solucionar la situación. Y no quedará más remedio, porque son muchísimos los puestos de trabajo que están en juego. Pero deberían sacarse unas cuantas conclusiones para el futuro. La primera está clara: al mercado no se le puede dejar a su albedrío. La segunda es una consecuencia de la anterior: habrá que instalar mecanismos que controlen los flujos económicos. Más allá de intervencionismos extremos y de nacionalizaciones, esto es precisamente lo que ha de definir a la socialdemocracia. Lo que ocurre es que en España no la hay –al menos, en lo económico– desde que Felipe González hundiera las ilusiones de muchos en la izquierda. Tampoco ahora con Zapatero, quien tiene su cuota de responsabilidad en la crisis por dejar y dejar hacer sin actuar y sin prever lo que podría pasar. Ahora tendrá que intervenir. Se lo piden los anti-intervecionistas. Lo cual resultaría cómico si no fuera trágico.

Publicado en El Mundo Huelva Noticias el 21 de septiembre de 2008.