martes 1 de diciembre de 2009

Oscuro lince

Los linces se mueren. ¡Qué cosas! También demasiada gente tiene la ocurrencia de fallecer, dirán algunos. Sucede, sin embargo, que de estos felinos sólo quedan en la provincia –y casi en el mundo– unos 65 ejemplares. El fallecimiento simultáneo en Doñana de dos hembras reproductoras ha vuelto a disparar las alarmas y a abrir un debate cansino, ciertamente agotador, en el que muchos onubenses continúan viendo a este animal como un problema o un obstáculo para su desarrollo. Quiere decirse que algo está fallando muy profundamente cuando, a estas alturas, muchos no acaban de entender el asunto esencial de la conservación de la naturaleza y de la convivencia con nuestro entorno. Es decir, que no termino de comprender a qué viene tanto dineral invertido en evitar que el lince se extinga si no se destina una parte a concienciar a la población que vive con ellos de la importancia de tal inversión. Dice la consejera de Medio Ambiente, Cinta Castillo, que una de las hembras falleció por una indigestión de conejos. La causa de la muerte de la otra aún se está investigando. Más allá de increíbles y extraños empachos, sorprende que la Junta se haya negado a concretar la razón, identidad y localización de ambas muertes. Sus nombres –Centaurea y Bruma– y los lugares en los que se encontraron sus cadáveres –Hinojos y Moguer– han trascendido porque los ha hecho públicos el portavoz de Ecologistas en Acción, Juan Romero. Este oscurantismo como de CSI chungo y cutre –criticado ayer por el propio director de la Estación Biológica de Doñana, Fernando Hiraldo– no puede más que provocar que aumente la alarma ante el temor de que una nueva enfermedad contagiosa esté atacando a estos felinos. Y provoca, además, que siga creciendo el muro que separa todavía al lince de los habitantes de su entorno. Si la Junta no entiende que en la conservación del lince va incluido el derribo de esa pared, se habrá avanzado poco en el futuro de un animal que sigue fiando su destino al buen hacer de una administración que, cuando vienen mal dadas, prefiere esconderse en su madriguera.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 1 de diciembre de 2009.

martes 24 de noviembre de 2009

Peatonal

Habida cuenta del debate generado en la ciudad, haría bien el alcalde en sumarse a la extraña manía de las hojas de rutas y poner en marcha una para la Gran Vía. Mismamente ayer, Pedro Rodríguez comenzó a plantear la posibilidad de que esta arteria nacida de los ensanches de la posguerra sea peatonal. Esta decisión la marcará la opinión de la ciudadanía, dijo. La mía es ésta: no peatonalizar la Gran Vía sería desaprovechar una oportunidad histórica que acabaremos lamentando. Para convencerse basta con recordar la visión de esta calle siempre oscura y triste literalmente tomada por los onubenses el fin de semana previo a su reciente apertura, aquellos dos días de principios de noviembre en que fue plenamente peatonal. El gran Rafael El Gallo decía que perfecto es aquello que está bien arrematao. Pocos pueden poner en duda el buen trabajo que se ha hecho en la Gran Vía, que luce de una manera absolutamente desconocida para los onubenses, diáfana y planita. Falta, sí, arrematarla. Es decir, peatonalizarla. El actual coitus interruptus no parece que haya dejado a nadie, claro, con un buen sabor de boca. Si el Ayuntamiento tiene dudas –que, lógicamente, puede tenerlas– debería recordar que la ciudad ha seguido funcionando mientras los vehículos no podían circular por la Gran Vía por las obras. Quiere decirse que el mundo siguió girando (y con él, Huelva) a pesar de que no había parada de autobuses ni de taxis en la plaza de las Monjas, dos de las principales quejas de los comerciantes del centro, cuya opinión parece que ha acabado prevaleciendo, por ahora, en todo este asunto. Es decir, que no entiendo en qué perjudica al comercio que la Gran Vía sea peatonal y que las paradas de taxis y autobuses estén 50 metros más allá de la plaza de las Monjas. Dice Pedro Rodríguez que los políticos han de tener olfato para detectar lo que piden los ciudadanos. El cocido, en este caso, huele desde las escaleras. El alcalde, seguro, ya lo ha olido. Viendo sus éxitos electorales, podría decirse que lleva 14 años oliéndolo. Queda, eso sí, arrematar la faena.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 24 de noviembre.

martes 10 de noviembre de 2009

La mala conciencia

Más de 5.000 personas aclamaron el sábado al Niño Miguel en un concierto-homenaje en Huelva. Yo no estaba entre ellas, aunque admire profundamente al guitarrista. O precisamente por eso. No lo sé, sinceramente. Todos conocemos la historia desgraciada de este hombre maltratado por la vida. Es absurdo añadir detalles de patetismo. El Niño Miguel es un drama andante por sí sólo, sin necesidad de la habitual literatura efectista que se escribe en torno a él. La paradoja es terrible, pero muy cierta, real como una vida que lleva años descarrilando. 5.000 personas aclamándole. Muchos de ellos lo habrán visto en alguna ocasión, indiferentes, tirado en la calle, como desgraciadamente acostumbra. Apenas un mes antes de este homenaje y unos días antes de que le ingresaran, lo volví a ver por donde suele arrastrar su desgracia, calle Vázquez Limón. Se tambaleaba en la puerta de un bar ante la mofa indecente de un grupo de chavales y la frialdad general de los viandantes. Incluida la mía, por supuesto. Al poco tiempo estaba Miguel encima de un escenario, glorificado por las mismas gentes que tantas veces han pasado a su lado sin reparar siquiera en su tragedia. Reconozco la excesiva dureza de la palabra hipocresía, pero no se me viene otra a la cabeza, sinceramente. Quiere decirse que el lavado de conciencias fue general. Supongo, con todo, que habrá que mirar el lado positivo: se ha recaudado una importante cantidad de dinero para que el Niño Miguel pueda intentarlo de nuevo, aunque en ocasiones anteriores haya resultado infructuoso. Me alegro por él y por los que de verdad le quieren (Camilo Gómez, Arcángel, José Luis Rodríguez y algunos otros al margen de su familia, claro). Yo, ya digo, decidí finalmente no acudir, aunque mi primer impulso fuese el contrario. Mientras sigo con mi mala conciencia, sueño con no volver a encontrármelo por la calle hecho un guiñapo y con que la aclamación no vuelva a ser, de nuevo, indiferencia. Aunque mucho me temo que lo será.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 10 de noviembre de 2009.

martes 3 de noviembre de 2009

El campo parado

El malestar, digamos, que afecta a la economía ha vuelto a demostrar lo absurdamente panfletarios que pueden llegar a ser nuestros dirigentes. Se ha hablado, mismamente, de refundar el capitalismo, como si eso fuera posible. Y se ha hablado, también, de crear un nuevo orden económico mundial, como si estuvieran refiriéndose a los miles de millones de personas que llevan padeciendo una cruel y gravísima crisis desde que el hombre es hombre. Esta forma de gobernar a golpe de actualidad no puede más que conducir al fracaso más estrepitoso. El capitalismo seguirá los cauces que siempre ha tomado, por lo que medio planeta se mantendrá al margen de cualquier tipo de bonanza económica que lleve aparejado comer dos veces al día. Así las cosas, la crisis también ha traído a la provincia de Huelva viejas cuestiones que parecían olvidadas por el peso de la maquinaria capitalista. Algunos sindicalistas y políticos andan estos días preguntándose de quién es el campo, en una suerte de viaje al pasado que no parece que vaya a solucionar mucho los gravísimos problemas de desempleo que padecemos los onubenses. Entienden los sindicatos que la campaña de la fresa debe ser un aliviadero por el que se cuelen muchos parados españoles para poder trabajar. Pero parece que entienden mal. Por dos razones, en principio de peso. Primero: los trabajadores locales no quieren. Segundo:los empresarios no quieren. Ante este panorama desolador, asegura el secretario general del PSOE de Huelva que todavía es pronto para que haya cambiado «la mentalidad». Es decir, que el español no trabaja en el campo porque no quiere ser un rumano. En los años 60 éramos polacos, pero hoy somos suecos. Un respeto. Convendría, con todo, que abandonásemos los debates ridículos y pasásemos a la acción. Los oscuros tiempos que vivimos así lo requieren. Si en el campo hay trabajo y acumulamos 47.000 parados, habrá que arbitrar los mecanismos para conjugar es lleno y ese vacío. Por muy europeos que nos creamos.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 3 de noviembre de 2009.

miércoles 28 de octubre de 2009

La mirada de Campos Reina

Ha muerto el novelista cordobés Juan Campos Reina, a los 63 años. Le conocí en Málaga a raíz de un perfil que le hice en la sección La tribu ilustrada, que yo compartía con el gran Cristóbal G. Montilla en El Mundo de Málaga y en la que sacábamos a escritores, pintores, poetas y otras gentes de mal vivir. Aquella mañana de junio de 2007 fui a su casa de El Limonar con el fotógrafo Jesús Domínguez, quien lo inmortalizó de esta guisa, en plena postura de yoga. Reproduzco aquí aquel artículo.


Te enseño a mirar

La Córdoba que sesea, abierta al campo, hundida en la tierra, arraigada al sol como un olivo milenario, se asoma en Juan Campos Reina (Puente Genil, 1946), quien a su vez se asoma como en un juego sin fin a lugares y culturas lejanas que nada -o mucho- tienen que ver con su pedazo de lugar en el mundo, desde el que escucha cómo le hablan los árboles o recuerda el olor a vainilla de su padre, que repartía besos como dulces. «Mi padre olía a vainilla y yo me dormía cada noche atrapado por el ruido monótono de la piedra de un molino de aceite». La realidad mágica, lejos de estar en el Caribe, se descubre a la vuelta de la esquina, como una parte misma de la vida, tan increíble, tan extraña.Juan Campos Reina despertó sentidos y atrapó emociones en la vastedad inabarcable de la campiña sur cordobesa, en el mismo centro geográfico de la Andalucía tan presente en sus novelas.Allí, en una casa «muy andaluza» con molino, fue forjándose una sensibilidad inquieta, heterodoxa, que le ha llevado a buscar y buscar hasta encontrar para seguir luego buscando y buscando.Queda dicho que el ruido del empiedro era como un mecanismo que le sumía en las profundidades de la noche. Y también queda dicho que su padre olía a vainilla. «Tenía una pequeña fábrica de chocolate en el pueblo. ¡Imagínate lo que eso era para un niño!». Aquella casa de aceite y chocolate escondía también, medio arrumbados, cientos de libros, la mayoría del siglo XIX. «De allí rescaté mi primera biblioteca y, antes de leer La Odisea, yo había leído el Telémaco de Fénelon». Más tarde, novelista conocido, el poeta Pere Gimferrer le dijo que su grafía de los nombres griegos no era española, sino francesa. «¡Claro, si empecé con Félenon...!».Un inicio raro, como extraño es Campos Reina, siempre heterodoxo.La literatura le llega de una forma casi natural. En su familia contaba en nómina con un historiador y un poeta famoso, Manuel Reina, que fue junto a Salvador Rueda precursor del Modernismo.El sonoro Rubén los tenía por maestros y con ellos se carteaba.«Puede ser que ése sea el germen, o tal vez otro, no lo sé; el caso es que desde la adolescencia yo siempre quise ser escritor, novelista concretamente». Después de tantos años, reconoce que la literatura, si algo le ha enseñado, es a mirar, una acción que parece fácil pero que entraña una dificultad desconocida.«Lo importante es mirar, pasear la mirada, y eso te exige un aprendizaje». Así, mirando, fue construyendo su particular mundo literario, reconocido con el Premio Andalucía de la Crítica y dominado por la saga de los Maruján, que recorre en cinco de sus libros todo el siglo XX para asomarse al XXI en una especie de Divina Comedia al modo Campos Reina. «Hoy por hoy, la saga está acabada, pero nunca se sabe qué nos deparará la vida», dice mientras recuerda sus años de guitarrista en el conjunto -extraño, también- Los Trovadores, en los años de estudiante de Derecho en al Universidad de Sevilla. Allí, y antes en los campos de Puente Genil, comenzó a aprender a mirar, junto al viejo profesor republicano Manuel Giménez Fernández, a quien el franquismo vigilaba de cerca pero permitía dar clases.De Andalucía -«yo escribo siempre para un entorno y mi entorno esencial es Andalucía»- va Campos Reina al Japón con una naturalidad pasmosa. A esa cultura milenaria dedica apasionadamente desde hace años sus desvelos. Pero, de nuevo, a su manera. El Japón que le interesa dejó de existir en 1600 y era aquel que relacionaba a los monjes con los soldados, a la espada con la cultura. De él surge el teatro Noh. «Es un mundo bellísimo, que nos golpea a los escritores», dice mientras ensaya la postura del Loto, que lo eleva de la tierra que le enseñó a mirar.

Publicado en El Mundo de Málaga el 1 de julio de 2007.

martes 27 de octubre de 2009

Antichiste

Lepe se ha ido quitando de encima el sambenito de pueblo chistoso y brutote que le endilgó casi sin quererlo el gran Manuel Summers a base de trabajo e ideas originales. Es difícil encontrar un municipio de la provincia que haya evolucionado tanto. Lepe, ahí donde lo ven, no es ni más ni menos que un vivo ejemplo la Europa moderna. En él conviven ciudadanos de más de 60 nacionalidades distintas, en su mayoría rumanos, marroquíes y ecuatorianos, que han acudido a la llamada de unos campos agrícolas que han tenido buena parte de la culpa del despegue lepero. Quiere decirse que Lepe es hoy una cosa muy seria, el antichiste, la prueba evidente del progreso bien llevado. Es obvio que el gran salto lepero no es responsabilidad exclusiva de su actual alcalde, Manuel Andrés González. Pero su gestión, sin duda, ha contribuido a que la situación sea hoy la que es. Su última jugada, sin ir más lejos, ha evidenciado el buen hacer del regidor. La venta del San Roque a un grupo de inversores ingleses vinculados al Chelsea pone de relieve que a los leperos se les ha quedado pequeño su pueblo. Manuel Andrés se fue el otro día a Sevilla a decir ante sus colegas del PP lo orgulloso que estaba por poder competir de nuevo electoralmente por la Alcaldía de Lepe. Habló metafóricamente de las potencialidades de su pueblo: ya incluso nieva todos los inviernos, lo cual es la leche y depara a Lepe aperturas de telediarios y fotos en los periódicos, que siguen buscando el chiste y al señor que mete la vaca en la nevera para tener leche fría y se encuentran el progreso y la originalidad a cuenta de un tópico al que los leperos han conseguido darle la vuelta. Es decir, que una vez puesto en el mapa de la España profunda, Lepe se ha reinventado, dando una lección de cómo usar correctamente el trampolín que le proporciona la fama, venga ésta de donde venga. Manuel Andrés tiene cara de lo que es: un lepero orgulloso de serlo. En su pueblo los hay a manojitos. Y entre todos han logrado convertir a Lepe en una cosa muy seria. El antichiste.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 27 de octubre de 2007.

martes 20 de octubre de 2009

Nitratos

El director de la Estación Biológica de Doñana, Fernando Hiraldo, ha venido a plantear el viejo asunto de la convivencia del hombre y la naturaleza, esa necesaria simbiosis que ha de darse entre el desarrollo y el entorno. Hiraldo alertó, para celebrar el 40 aniversario de la declaración de Doñana como Parque Nacional, de que este espacio único ya no soporta más contaminación de nitratos. Dicho así, los nitratos parecen agentes externos y puntuales, elementos dañinos que caen del cielo. Por el contrario, su fuente mana directamente de las actividades agrícolas y ganaderas de la comarca, poblada de personas que tienen que hacer cosas para su propia subsistencia, lo que, a su vez, provoca un daño en el entorno en el que habitan. Hiraldo, un tipo bastante serio, celebró la efeméride tal y como le dictaba su conciencia de científico. E hizo bien. El problema radica en buscar soluciones que logren aunar la conservación del Coto con el normal desarrollo de la zona. Es decir, un imposible, al menos en la conciencia colectiva de muchos de los habitantes del entorno, quienes, lamentablemente, no ven a Doñana como una parte indispensable de su futuro, sino como un freno a su desarrollo. Para terminar con esta situación, habría que comenzar, mismamente, por erradicar ciertos comportamientos que caen directamente en la doble moral. O sea, el ecologismo de conveniencia. Muchos de los que tienen la responsabilidad de gobernarnos creen tremendamente dañina para Doñana la autovía Huelva-Cádiz. «Sería su fin», aseguran. No ponen los mismos reparos al oleoducto que recorrerá el subsuelo del entorno y que duplicará el tráfico de petroleros frente a la costa del Coto, con el lógico incremento del riesgo de vertidos. «Se hará con garantías», dicen. ¿No puede hacerse la Huelva-Cádiz en los mismos términos de sostenibilidad? Al parecer, no se puede. No porque sea imposible técnicamente, sino porque es una infraestructura que reclama la oposición. Doñana queda convertida, así, en una mera excusa para desgastar al rival. Nada podrá salvarla de la quema. Ni siquiera el fin de los nitratos.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 20 de octubre de 2009.

martes 13 de octubre de 2009

Buitres

No están los tiempos para ver a buitres acechantes sobre oficinas municipales. El domingo vino la crisis a enseñarse y a descansar sobre el edificio de la Gerencia de Urbanismo, que ya es puntería la del animalito, por aquello de la espectacular reducción de los ingresos municipales vinculados a la actividad urbanística. Las penurias que arrastra Occidente desde hace un par de años –las del otro mundo son eternas– han convertido a los Ayuntamientos en alimento para carroñeros. La razón es evidente: lo único que queda por hacer es roer los restos que van quedando. El gravísimo problema de la financiación municipal va a comenzar en breve –en algunos lugares ya ha comenzado– a crear serios problemas a los ciudadanos. Se repite mucho, pero no por ello deja de ser verdad: las administraciones locales son las que más están sufriendo el cáncer del sistema, hasta tal punto que no existe hoy día un Ayuntamiento que no ande asfixiado, sin acabar de respirar el oxígeno que proporcionan unos brotes verdes que no terminan de crecer. O sea, que diremos una obviedad: El Ayuntamiento de Huelva tiene problemas. Como la inmensa mayoría de los que hay en España. Para no politizar el asunto, convendría traer aquí un ejemplo amigo y afecto al Gobierno. Mismamente el del Ayuntamiento de Sevilla. Su alcalde, el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín, compareció pomposamente a finales de septiembre para anunciar a quien quisiera escucharle «un recorte de los servicios públicos» que presta el Consistorio. La razón es clara: las arcas públicas se han quedado sin dinero. El tema parece un asunto de políticos, una suerte que queja envuelta por la dialéctica vacía a la que nos tienen acostumbrados nuestros representantes públicos. Pero no lo es. La gravedad del problema es muy superior a la que parece aparentar. Los buitres de la crisis acechan, sobre todo, a los Ayuntamientos. El que se hermoseó por el centro de Huelva vino a posarse sobre el Ave Fénix. A muchos, ciertamente, ya sólo les queda resurgir de sus cenizas.

Publicado en el Mundo-Huelva Noticias el 13 de octubre de 2009.

martes 6 de octubre de 2009

A-83

La nueva autovía que surgirá tras el desdoble de la N-435 ya tiene nombre: A-83. Se trata de un paso importante. Yo diría que fundamental, porque cuando las cosas se pueden nominar, ya existen, están, sufren y padecen. Recuerden lo que ocurría en Macondo, donde «el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». En esta provincia llevamos varios lustros señalando con el dedo al desdoble, esa entelequia que es probable que puedan ver nuestros nietos, y ahora por fin podemos llamarlo por su nombre: A-83. La cosa avanza. Al menos nominalmente, porque el problema real radica en la escasa atención que el Gobierno está prestando a esta infraestructura tan demandada por el PSOE cuando se encontraba en la feroz oposición, que es donde está hoy el PP. Aunque ya se llame A-83, el nombre no podrá hacerse carne con los 100.000 euros escasos que la Administración central ha dedicado a tal infraestructura en los Presupuestos Generales del Estado para 2010. Entenderán ustedes que con ese dinero se podrá llenar todo el trazado actual con carteles del tipo «estamos pensando la futura A-83; disculpen el retraso y nuestra verborrea electoral». Pero poco más. El PSOE de Huelva, que dio precipitadamente por conseguido el desdoble el mismo día en que ganó Zapatero las elecciones en marzo de 2004, va a protestar a su manera. No tiene más remedio, al menos ante su parroquia onubense, que ha visto/oído/leído mucho sobre esta cuestión y es experta en carreteras y desdobles. Lo hará con una enmienda para intentar que las obras puedan dar comienzo antes de que concluya 2009. «Ojalá», dijo el otro día el diputado nacional Javier Barrero. Como somos esclavos de lo que decimos, habrá que poner especial atención a la interjección empleada por el otrora líder de los socialistas onubenses. El proyecto de desdoble de la N-435 ha quedado reducido a un nombre en el aire y a un ojalá en boca de uno de sus demandantes históricos. Ante semejante despliegue de intenciones, mejor será que lo sigamos señalando con el dedo.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 6 de octubre de 2009.

martes 29 de septiembre de 2009

El clima sensato

Desde que los telediarios llevan en lugares destacados hechos tan insólitos y sorprendentes como que llueva en otoño, nieve en invierno y haga calor en verano, suelo confiar bastante poco en la información meteorológica y sus derivados. En sus derivados –o en su matriz mismamente– habrá que incluir el asunto del cambio climático. Me he convertido en un ignorante total a fuerza de oír a castastrofistas y negacionistas. Quiere decirse que me parece que cada cual trata de vender su burra de la mejor manera que entiende y sabe. Las voces equilibradas, el justo medio que pedían los ilustrados, son rarezas que apenas se encuentran en una debate demasiado polarizado y radicalizado. Suelo fiarme, por ejemplo, de Manuel Toharia, un científico sensato en cuyo libro El clima viene a afirmar que el cambio climático es una constante en la historia de la Tierra y que todas las abuelas del mundo de todas las generaciones han dicho alguna vez que el tiempo está loco. El problema radica en averiguar cómo la industria humana afecta a que esa constante se esté acelerando. En la conferencia que sobre este tema se acaba de clausurar en Punta Umbría hemos escuchado a varias voces sentadas, entre ellas las de Juan Pérez Mercader, un tipo con fobia a los radicalismos. Como la cosa iba de cómo se puede ayudar a frenar el asunto desde esfera local, el astrobiólogo y ex presidente de la junta rectora de Doñana, ha tirado de actualidad y terruño para advertir de que se debe meditar mucho la construcción del oleoducto. Es decir, la vieja historia de compaginar desarrollismo y conservación. Esta infraestructura tan defendida por el PSOE –desde este verano, menos– aumentaría el riesgo de vertidos de petróleo. Por una sencilla razón, matemática: crecería el tráfico de petroleros frente a nuestras verdes y protegidas costas. ¿Por qué esta obra es menos peligrosa que una carretera que nos una con Cádiz? El asunto tiene su intriga, como el del cambio climático, pero al menos ya se alzan voces sensatas pidiendo mesura. Que falta hacía.

Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 29 de septiembre de 2009.