Más de 5.000 personas aclamaron el sábado al Niño Miguel en un concierto-homenaje en Huelva. Yo no estaba entre ellas, aunque admire profundamente al guitarrista. O precisamente por eso. No lo sé, sinceramente. Todos conocemos la historia desgraciada de este hombre maltratado por la vida. Es absurdo añadir detalles de patetismo. El Niño Miguel es un drama andante por sí sólo, sin necesidad de la habitual literatura efectista que se escribe en torno a él. La paradoja es terrible, pero muy cierta, real como una vida que lleva años descarrilando. 5.000 personas aclamándole. Muchos de ellos lo habrán visto en alguna ocasión, indiferentes, tirado en la calle, como desgraciadamente acostumbra. Apenas un mes antes de este homenaje y unos días antes de que le ingresaran, lo volví a ver por donde suele arrastrar su desgracia, calle Vázquez Limón. Se tambaleaba en la puerta de un bar ante la mofa indecente de un grupo de chavales y la frialdad general de los viandantes. Incluida la mía, por supuesto. Al poco tiempo estaba Miguel encima de un escenario, glorificado por las mismas gentes que tantas veces han pasado a su lado sin reparar siquiera en su tragedia. Reconozco la excesiva dureza de la palabra hipocresía, pero no se me viene otra a la cabeza, sinceramente. Quiere decirse que el lavado de conciencias fue general. Supongo, con todo, que habrá que mirar el lado positivo: se ha recaudado una importante cantidad de dinero para que el Niño Miguel pueda intentarlo de nuevo, aunque en ocasiones anteriores haya resultado infructuoso. Me alegro por él y por los que de verdad le quieren (Camilo Gómez, Arcángel, José Luis Rodríguez y algunos otros al margen de su familia, claro). Yo, ya digo, decidí finalmente no acudir, aunque mi primer impulso fuese el contrario. Mientras sigo con mi mala conciencia, sueño con no volver a encontrármelo por la calle hecho un guiñapo y con que la aclamación no vuelva a ser, de nuevo, indiferencia. Aunque mucho me temo que lo será.
Publicado en El Mundo-Huelva Noticias el 10 de noviembre de 2009.
martes 10 de noviembre de 2009
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5 comentarios:
Eso mismo pensé yo cuando me enteré del Homenaje, si hubiera sido alguna desgracia que le hubiera pasado de repetente, pero es que todos los que fueron a ese acto se cruzan casi a diario con el Niño Miguel y miran para otro lado, es así de fuerte, pero es la realidad.
Un abrazo compadre
Aunque cueste, hipocresía es la palabra correcta. Pero también somos en Huelva ignorantes. Poca gente ha querido aceptar que los problemas de Miguel no fueron siempre las drogas.
Exacto, también la esquizofrenia
Y SI OS LAVAIS UN POCO LA BOCA????? DE VERDAD CREEIS SINCERAMENTE QUE TODOS LOS QUE FUERON AL HOMENAJE DE MIGUEL SON COMO PENSAIS???? TENEIS LA MENTE ENFERMA Y RETORCIDA.
QUE PENA DE HUELVA, SIEMPRE EN DOS BANDOS.
KRIS HUELVA
KRIS HUELVA, está claro que si no todas, sí la inmensa mayoría de personas que acudieron al tan traido y llevado homenaje lo hicieron vestidas con el ropaje de la hipocresía... ya que, efectivamente, es muy fácil ver a esta persona en la calle en condiciones lamentables. Yo no soy de Huelva y tardé 0,2 en conocerle y saber de su problema convertido, a fuerza de golpes, en desgracia.
No obstante, te pregunto a ti... tú eres de las que se paran a ayudarle, comprarle un bocadillo o unas cuerdas para su guitarra?? Si fuera así, serás de las pocas.
Por otra parte, si el pecunio recogido en dicho homenaje sirve para mejorar su situación y vida diaria ¡¡abre la muralla!! Me gustaría decir lo contrario pero, sinceramente, no lo creo.
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